jueves, 3 de abril de 2025

Las grandes mentiras de la guerra de Ucrania

Europa es la gran perdedora del conflicto, pero ahora parece empeñada en perjudicarse aún más profundizando en la marcha de la locura

Tomas Palley, ctxt

En el libro La marcha de la locura: la sinrazón desde Troya hasta Vietnam, la historiadora Barbara Tuchman aborda la desconcertante cuestión de por qué a veces los países promueven políticas radicalmente opuestas a sus intereses. Esta pregunta vuelve a cobrar relevancia ahora que Europa ha decidido empeorar aún más la marcha de la locura sobre Ucrania. Continuar con esta marcha tendrá graves consecuencias para Europa, pero abandonarla plantea un desafío político colosal que obliga a explicar cómo la Unión Europa ha resultado perjudicada por su política ucraniana; cómo es evidente que, si redobla esa apuesta, va a verse aún más perjudicada; cómo se ha vendido políticamente esa marcha de la locura; y, por último, por qué el poder político porfía en esa idea.

Los costes político-económicos de la locura

A pesar de no haber intervenido directamente en el conflicto ucraniano, Europa –y, sobre todo, Alemania– se ha convertido en uno de los grandes perdedores de la guerra debido a las sanciones económicas, que han tenido un efecto bumerán en la economía europea. La energía barata procedente de Rusia ha sido reemplazada por energía cara procedente de Estados Unidos. Esto ha tenido un impacto negativo sobre el nivel de vida de la sociedad y la competitividad del sector manufacturero; asimismo, ha influido en el aumento de la inflación en el territorio europeo.

A lo anterior se suma la pérdida de un mercado importante como es el ruso, en el que Europa vendía productos manufacturados y obtenía inversiones y oportunidades de crecimiento. Además, Europa se ha quedado sin el fastuoso gasto de las élites rusas: la combinación de estos factores ayuda a esclarecer el estancamiento de la economía europea. Por si fuera poco, su futuro económico está gravemente comprometido por la marcha de la locura, que amenaza con hacer permanentes esos efectos.

La paz y el peligro


Nahia Sanzo, Slavyangrad

“Rusia debe abandonar sus tácticas dilatorias. Debe corresponder aceptando sin demora, como lo ha hecho Ucrania, un cese del fuego inmediato e incondicional. Necesitamos ver avances en un plazo claro”, escribió el lunes en las redes sociales Kaja Kallas. La líder de la diplomacia europea y exprimera ministra de Estonia exigía, como están haciendo estos días otras figuras europeas, que Moscú acepte y cumpla el alto el fuego completo que, afirman, Ucrania ya aceptó en Yeda en su reunión con Estados Unidos. Esta versión, en la que Kiev es la parte que defiende la necesidad de paz a la mayor brevedad, que sugiere también que Ucrania está adhiriéndose a los términos pactados, olvida mencionar que el acuerdo partió del desequilibrio de fuerzas en esa relación. Ucrania había llegado a Arabia Saudí con la intención de proponer una tregua en la que se prohibiera atacar en el aire y en el mar. Fuera del juego de la guerra desde hace mucho tiempo, el alto el fuego marítimo habría sido sencillo de lograr, aunque no así el aéreo, clave en estos momentos en los que, además de contar con una aviación más potente y un arsenal de misiles incomparable, Rusia ha conseguido recuperar el terreno perdido en el ámbito de la dronería que, como han mostrado recientemente los testimonios de soldados ucranianos en el frente de Kursk, está marcando la situación en la primera línea de las batallas más activas.

Tras horas de negociaciones, como ha admitido uno de los negociadores ucranianos, el cansancio pasó factura y se aceptaron unos términos que contradecían la propuesta inicial. En otras palabras, Ucrania se vio obligada a aceptar una propuesta que había rechazado apenas un día antes alegando que cualquier alto el fuego completo beneficiaba a Moscú, necesitada de un descanso para sus exhaustas tropas. Días después, cuando se constató que Estados Unidos carece de las cartas que sí tiene con Ucrania para obligar a Kiev a aceptar incondicionalmente el alto el fuego (de ello dependía que Washington levantara la suspensión de la entrega de armamento e inteligencia, imprescindible para que Kiev pueda seguir luchando en esta guerra proxy), esas agotadas tropas recuperaron prácticamente todo el territorio de la principal baza de Volodymyr Zelensky, el territorio de Kursk. El discurso y la propaganda de guerra casi nunca se corresponden con la realidad, algo que afecta también a la Unión Europea que, en el pacifismo sobrevenido en el que se ha instalado desde que Ucrania aceptara el alto el fuego de Yeda, persiste en su narrativa de incondicionalidad y de unas exigencias que hacen imposible cualquier avance hacia un proceso de negociación.

miércoles, 2 de abril de 2025

Prisiones Smart. La Caverna de cristal en la era digital


Diego Fusaro, Posmodernia

Aunque modulada según figuras diferenciadas y de manera falsamente polifónica, la ininterrumpida cantinela que la sociedad del espectáculo repite a través de sus redes unificadas –“la sociedad existente es la única posible, como siempre ha sido y como siempre será”– acaba por despojar de fundamento, a nivel de imaginario colectivo, la crítica teórica y, con ella, la posibilidad de reversión práctica. Nos persuade de la inexistencia de algo fuera de la caverna y, en última instancia, de la inevitabilidad de la caverna misma que nos convierte en internados a escala global. En cada una de sus representaciones, el espectáculo busca una transformación: por un lado, la del espacio de la caverna en una jaula de hierro con barrotes inoxidables y salida prohibida para evitar posibles fugas; y por otro, la de los prisioneros, potencialmente en busca de su propia liberación, en simples espectadores pasivos y, además, en devotos inconscientes de sus propias cadenas. Es la condición imperante en el triste tiempo de Facebook, de Twitter y de todas las demás egosferas posmodernas, variaciones digitales y rigurosamente solitarias de la Caverna de Platón.

A este modelo parece reconducible la “caverna perfecta” de las soledades digitales de la civilización tecnomorfa y del nuevo “capitalismo de vigilancia” (surveillance capitalism) con la esclavitud Smart (inteligente) a la que condena cotidianamente a sus felices Siervos. Los sistemas totalitarios del “siglo corto” oprimían la libertad, allí donde el neoliberalismo de la vigilancia la explota y la somete a un régimen de lucro, figurando con ello como el primer régimen cool. Las dos figuras opositivas hegelianas del Siervo y el Señor, del Amo y el Esclavo, vienen a coincidir en una única figura, la del homo neoliberalis que –como “emprendedor de sí”– se autoexplota sin tregua para ser máximamente performativo. Cada uno, como Amo, se exige la máxima productividad a sí mismo como Esclavo, llevando la explotación capitalista a su nivel hiperbólico.

La crisis de la Hegemonía estadounidense

Comencemos por definir la crisis de hegemonía como la dimensión político-ideológica de una crisis orgánica, es decir, de una fase transitoria en la que la distancia de los aparatos y relatos ideológicos funcionales a una determinada estructura económica (superestructuras), llega a ser tan grande en comparación con la propia estructura económica, que no puede sostenerse.

Michele Berti, La Fionda

En estos meses, con la llegada de Trump, el concepto de imperialismo ha reaparecido con fuerza en el discurso público como un término comodín para interpretar la fase internacional actual. Al término se le han unido adjetivos como agresivo, cruel y despiadado.

En realidad, ninguno de los adjetivos que se utilizan consigue precisar y definir correctamente el concepto de imperialismo, que por definición siempre ha tenido esas características.

Pero ¿qué se entiende por imperialismo en sentido histórico y político?

La génesis del término hay que atribuirla a Hilferding aunque su uso generalizado se debe a la obra de Lenin que lo definió como la etapa monopolista del capitalismo, correspondiente a una formación social y económica marcada por una enorme concentración de la producción y del capital en clave monopolista, la fusión del capital bancario con el capital industrial en capital financiero gestionado por una reducida oligarquía financiera, un uso extensivo de la exportación de capitales y el reparto del mundo entre trusts internacionales.

El imperialismo norteamericano es pues esto, una formación económica y social que no puede adscribirse como etiqueta a un presidente, sino que es una configuración predispuesta a dominar el espacio de los demás con métodos convencionales y no convencionales, asumiendo el papel de líder con los aliados y de dominante con los adversarios.

martes, 1 de abril de 2025

Nord Stream, Trump y el autoengaño europeo

Washington negocia, Moscú habla - y Europa se indigna como una "coalición de voluntarios" en la cumbre de Ucrania en París, como un vegano ofendido en una barbacoa

Elena Fritz, Pi News

Imagina esto: Rusia y EEUU negocian sobre Nord Stream - sin los europeos. Y en Bruselas, hay un repentino ataque de ansiedad colectiva. ¿Cómo es posible? ¡Después de todo, somos "socios"!

Pero la realidad es la siguiente: Europa ya no importa. Y no es porque potencias malignas se hayan conspirado contra nosotros, sino porque nos hemos catapultado fuera del juego. Mientras Washington y Moscú practican la realpolitik, la UE tiene autoconversaciones ideológicas sobre presupuestos de CO2, igualdad de género en la calefacción y el clima mundial en 2100.

El nuevo imperialismo energético: recursos, poder y dependencia

EEUU ya no piensan en asociaciones, sino en ejes de poder. Canadá proporciona los recursos, EEUU el capital, y Europa... indignación. No es de extrañar que Donald Trump enfatice en la primavera de 2025 que Canadá es "de facto ya el 51° estado" – una frase que soltó con una sonrisa sarcástica en un mitin de campaña en Ohio. Detrás de esta aparente broma se esconde una grave realidad geopolítica: EEUU tiene un interés vital en hacerse completamente independiente energéticamente – y Canadá, con sus gigantescas reservas de petróleo, gas y uranio, es el almacén natural de recursos del imperio estadounidense.

La avaricia por la energía canadiense no es un reflejo colonial, sino un cálculo estratégico. Mientras Europa discute sobre aerogeneradores, Estados Unidos asegura el acceso a los fundamentos de la dominación tecnológica y militar – con una sonrisa amistosa y un cálculo geoestratégico. Canadá suministra, América dirige – y Europa paga la cuenta. Indignación. Mientras Trump y su equipo dicen abiertamente de qué se trata – recursos, energía, autonomía estratégica – Bruselas queda atónita. ¡Así no se habla en la comunidad de valores!

Una tercera vía para poner fin a la guerra en Ucrania

En un escenario tan sombrío, la única salida parece ser una Tercera Vía. El presidente ruso Vladimir Putin puede haber propuesto precisamente eso en un discurso en Moscú el jueves… ya que las conversaciones de Riad no están llegando a ninguna parte y Zelensky no muestra signos de interés en un alto el fuego.

M. K. Bhadrakumar, Indian PunchLine

Quizás en un momento de descuido, el ex primer ministro británico Boris Johnson soltó recientemente en una entrevista que los elementos ultranacionalistas que mandan en Kiev son un obstáculo formidable para poner fin a la guerra en Ucrania.

Para Johnson, esto podría ser un juego de culpas para eximirse de responsabilidad, dado su propio papel dudoso como entonces primer ministro (en connivencia con el presidente Joe Biden) en socavar el acuerdo de Estambul en abril de 2022 para avivar el conflicto latente y convertirlo en una guerra de poder por poderes liderada por Estados Unidos contra Rusia.

Sin embargo, lo que Johnson no admite es que el ascenso del MI6, la agencia de inteligencia británica, en la estructura de poder de Kiev se remonta a varios años atrás.

El MI6 era responsable de la seguridad personal del presidente Zelensky. El MI6 se aprovechó de esta situación para posicionarse y coreografiar la futura trayectoria de la guerra y, posteriormente, en la planificación y ejecución de importantes operaciones encubiertas dirigidas contra las fuerzas rusas, y, en última instancia, para llevar la guerra al propio territorio ruso.

Ucrania: Seguridad, minerales y Unión Europea


Nahia Sanzo, Slavyamgrad

“Zelensky insta a Estados Unidos y Europa a responder a los ataques nocturnos con drones de Rusia”, afirmaba ayer la propaganda oficial ucraniana, que intentando dar un toque de excepcionalidad a algo que ocurre a diario -y no solo en el lado ucraniano, sino también en el ruso-, destacaba que “solo anoche, Ucrania se enfrentó a 172 drones de ataque, incluidos más de 100 Shaheds”. Según Zelensky, que hace tan solo tres días utilizó el argumento de que Putin no será presidente de Rusia por mucho más tiempo -ya que morirá pronto o terminará su último mandato- como argumento contra la negociación, “los ataques no solo tienen como objetivo Ucrania sino los esfuerzos mundiales para poner fin a la guerra”. Los ataques ucranianos contra, por ejemplo, la estación de bombeo de Suya, no han de ser tenidos en cuenta ni como obstáculo a la paz ni como incumplimiento del compromiso mutuo de no atacar infraestructuras energéticas. Ucrania, por supuesto, insiste en que ha sido Rusia quien ha hecho estallar la estación de bombeo para desacreditar al ejército ucraniano, una más de la larga lista de once años de acusaciones de autobombardeos rusos. En los últimos días, Zelensky ha afirmado también que es Putin quien tiene miedo y quien no tendría nada que aportar en unas negociaciones de paz. El presidente ucraniano ha señalado también que estaría dispuesto a negociar con Rusia, aunque no con Vladimir Putin. Ucrania nunca ha revocado el decreto con el que Zelensky prohibió negociar con el presidente ruso y a juzgar por sus declaraciones aún no ha renunciado al sueño de provocar un cambio de régimen en la Federación Rusa.

Ni las redadas en Belgorod, la formación de grupos de partisanos neonazis rusos para liberar Rusia, la invasión de Kursk o los constantes ataques con drones han conseguido desestabilizar internamente la Federación Rusa, por lo que, como es habitual, Kiev apela a sus socios. “Esperamos una respuesta seria. Estamos trabajando para lograrla. Se necesita urgentemente una respuesta contundente, sobre todo de Estados Unidos, de Europa y de todos los que han apostado por la diplomacia en el mundo. Hay que obligar a Rusia a la paz”, afirmó Zelensky, que ha demonizado todas y cada una de las iniciativas de paz -la de Lula da Silva, la chinobrasileña y la de los países africanos, además de cualquier declaración favorable a negociar directamente con Rusia- a excepción de aquella a la que no puede negarse, la de Estados Unidos.

lunes, 31 de marzo de 2025

Trump y su imposible retorno al pasado

Ante los amenazantes cambios desde inicios del frustrado “nuevo siglo americano” hay llamados a ejercer el poder desnudo, sin convencionalismo o apego a la legalidad internacional

Atilio Boron, La Haine

Imposible en algunas cosas, no en todas, por supuesto. El radical retorno al proteccionismo es no sólo posible sino necesario para un imperio enfrentado a un inocultable declive, denunciada no sólo por los analistas críticos del imperio sino certificada nada menos que por figuras estelares del establishment norteamericano como Zbigniew Brzezinski en un texto del 2012 y, posteriormente por varios documentos de la Corporación Rand.

Declive o decadencia, como se prefiera, que vino de la mano entre otros factores domésticos por el lento crecimiento de su economía, la pérdida de competitividad en los mercados globales y el gigantesco endeudamiento del gobierno federal. Si en 1980 la relación entre la deuda del Estado y el PIB era de 34.54% en la actualidad se ubica en un nivel astronómico: 122.55%. A esto hay que sumar el intratable déficit de la balanza comercial que no cesa de crecer y que en el año 2024 ascendió a 1.13 billones de dólares, lo que representa un 3.5% del PIB estadounidense. A esta constelación de factores domésticos de debilitamiento imperial es preciso añadir el deterioro de la legitimidad democrática y la enorme grieta que socava al sistema político y de la cual el trumpismo no es sino una de sus manifestaciones.

A este complejo cuadro hay que agregar los cambios epocales en el ambiente externo de los EEUU que han modificado irreversiblemente la morfología del sistema internacional. El fenomenal crecimiento económico de China y los significativos avances de otros países del Sur Global como Irán, India y varias naciones asiáticas constituyen escollos objetivos a las pretensiones de Washington, acostumbrado a imponer sus condiciones sin tropezar con demasiados obstáculos.

Contra el rearme europeo


Yanis Varoufakis, Project Syndicate

La inducción de Ucrania en la OTAN después de obligar a Rusia a volver a sus fronteras anteriores a 2014 ha sido el único objetivo estratégico que los líderes de la UE se han permitido contemplar desde la invasión de Rusia hace tres años. Por desgracia, mucho antes de la reelección del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, este objetivo se deslizó hacia el ámbito de la infacibilidad. Y era evidente hace tiempo.

En primer lugar, la economía de guerra del presidente ruso Vladimir Putin demostró ser un regalo del cielo para su régimen. En segundo lugar, incluso el predecesor de Trump, Joe Biden, no estaba dispuesto de verdad a presionar por la integración como miembro de Ucrania en la OTAN, llevando al país al huerto con vagas promesas. Y, en tercer lugar, hubo una fuerte oposición bipartidista en los Estados Unidos a la idea de que las tropas de la OTAN lucharan junto a los ucranianos.

Así que, en una muestra de impresionante hipocresía, los muchos discursos de "Putin es el nuevo Hitler" nunca produjeron como resultado un compromiso de luchar junto a los ucranianos hasta que el ejército de Putin fuera derrotado en el terreno. En cambio, un Occidente cobarde siguió enviando armas a los agotados ucranianos para que pudieran derrotar al "nuevo Hitler" en su nombre, pero por su cuenta.

Los mítines de Bernie Sanders y AOC podrían convertirse en un movimiento de masas


Eric Blanc. Sin Permiso

Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez [AOC] han ignorado el consejo de destacadas cabezas pensantes del Partido Demócrata de «darse la vuelta y hacerse el muerto». A Dios gracias. Sus masivos mítines contra la oligarquía han logrado cifras históricas, dando testimonio de un deseo popular generalizado de resistir a Elon Musk y Donald Trump.

Al llenar el vacío que han dejado Chuck Schumer y los de su cobarde ralea, Bernie y AOC se están convirtiendo en líderes no sólo de los activistas de izquierda, sino también de la base liberal dominante del Partido Demócrata. La pregunta difícil se cifra ahora en cómo aprovechar toda esta energía en un movimiento capaz de derrotar realmente a Musk, y luego a Trump.

El Equipo Bernie ya ha dado grandes pasos en esta dirección. No se trata sólo de que la gira «Luchar contra la oligarquía» («Fighting Oligarchy») haya dinamizado a los norteamericanos de pie y difundido un mensaje rotundo en contra de los multimillonarios y a favor de la democracia. Estos actos han tenido un enfoque estratégico concreto, tal como ha explicado en la Red uno de los asesores de Bernie: «Para los que lo pregunten, sí, estos mítines están vinculados a la acción. Todos se han celebrado en distritos indecisos controlados por el Partido Republicano o cerca de ellos, y estamos haciendo un seguimiento con acciones específicas para presionar a sus diputados para que voten NO a cualquier recorte de Medicaid o exención fiscal multimillonaria, o se enfrenten de lo contrario a las consecuencias electorales».

Todo esto resulta esencial. Pero Bernie y AOC podrían dar un paso adicional: pedirles a todos los asistentes al mitin que se conviertan en organizadores. El destino de nuestro país depende en parte de poder canalizar el entusiasmo de estos actos en una campaña masiva y creciente.

domingo, 30 de marzo de 2025

Bolsonaro, preso por golpe contra Lula


Emir Sader, La Jornada

Como se suponía, el Supremo Tribunal Federal ha decidido, por unanimidad, condenar a Bolsonaro y a otras siete personas –entre ellas, varios militares– a prisión por intento de golpe de Estado para impedir la toma de posesión de Lula.

Ese grupo es considerado el núcleo central de la “organización criminal”, cuyas decisiones y acciones fueron fundamentales para el impacto del intento de golpe.

El Supremo Tribunal Federal dictaminó que Bolsonaro lideró una estructura que se ha valido de mentiras sobre el sistema electoral para promover un golpe, que el grupo de Bolsonaro y siete personas más actuaron de forma coordinada, buscando alterar el Estado Democrático de Derecho.

Que, después de la derrota en las urnas, Bolsonaro ordenó que militares publicaran notas técnicas para movilizar a sus adeptos en los cuarteles. Hay amplias evidencias del compromiso de Bolsonaro con el proyecto de golpe.

Ahora, después del análisis de la acción penal, Bolsonaro y sus cómplices podrán ser encarcelados. Esto va a depender de la pena que dicte el Supremo Tribunal Federal, así como de los recursos a los cuales la defensa tiene derecho.

La economía de Trump y la economía de Estados Unidos

No se puede hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande destrozando el gobierno

James K. Galbraith, The Nation

¿Qué pensar de la confusión de noticias, la retórica revolucionaria, los mensajes de texto de recaudación de fondos llenos de pánico, los indicadores económicos, la caída del mercado de valores y, por supuesto, el discurso del presidente Trump en una sesión conjunta del Congreso el 4 de marzo de 2025? ¿Estamos al borde de un Armagedón socioeconómico? ¿O hay, como dijo una vez la gran Tallulah Bankhead, «menos de lo que parece»?

Dejando a un lado los temas llamados «guerras culturales» y «política exterior», podemos distinguir ocho fuerzas distintas en juego en la economía de Trump. Son (a) la destrucción selectiva de agencias reguladoras específicas, (b) las interrupciones aleatorias de la administración pública federal, (c) el reaganismo anticuado, (d) los aranceles, (e) la migración, (f) la energía, (g) el ejército y (h) el efecto general de una formulación de políticas precipitada e impredecible, también conocida como incertidumbre y caos.

Destrucción selectiva. Los primeros días de Trump han visto el fin declarado de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor y la Junta Nacional de Relaciones Laborales, golpes paralizantes a la Agencia de Protección Ambiental y el comienzo del desmantelamiento del Departamento de Educación, entre otros. Se trata de organismos reguladores y supervisores a los que se han dirigido específicamente adversarios de hace tiempo, ahora con poder. Su demolición (total o parcial) es un gesto político que debilitará a los trabajadores frente a las empresas, a los consumidores frente a los banqueros y a los ciudadanos frente a los contaminadores. Sin embargo, por sí solos, no tendrán grandes efectos económicos a corto plazo.

De la Europa ocupada a la Europa colonizada por EEUU

[Pasando por el auge y declive de la gran Alemania]
Andrés Piqueras, La Haine

La historia se repite, ahora el gobierno alemán afirma que el gasto en necesidades militares estimula la economía, al igual que la Alemania en la década de 1930.

En los años 70 del siglo XX se hicieron evidentes los límites de los mecanismos anticíclicos keynesianos. La pérdida de eficacia de éstos propició las condiciones para abrir el camino a iniciativas de represión de la demanda y regresión fiscal, combinadas con políticas recesivas y de control del déficit y de la inflación, así como de fomento de la financiación privada. Serían las que presidirían en adelante por doquier las estrategias de gobierno de un capitalismo que iniciaba su dimensión transnacional.

Empezaba así una nueva intervención masiva del Estado en favor de una acumulación capitalista que (de nuevo) no mostraba fuelle por sí misma. Pero ahora esa intervención se realizaba, con todo tipo de medidas, del lado de la oferta.

Para encastrar todo ello de forma más o menos coherente había que buscar un nuevo modo de regulación que conllevara una ruptura de los "pactos de clase" en las sociedades centrales, (especialmente en el punto de indexación de los salarios a la productividad y en el objetivo del "pleno empleo"), aunque tuviera que actualizar la doctrina político-económica fundacional del capitalismo.

De esta forma cobraría vida el neoliberalismo, que si bien fracasó a la hora de propiciar una acumulación sostenida, fue exitoso en la eliminación, integración-cooptación o reducción al mínimo-marginación de los sujetos antagónicos, inclinó drásticamente la distribución del plusvalor en favor del Capital, favoreciendo una enorme concentración de la riqueza, la cual pasaría en adelante a través de la financiarización de la economía.

Una y otra compensarían al capital, de alguna manera, de la falta de rentabilidad productiva. No hubo que esperar mucho, sin embargo, para evidenciar los resultados procíclicos que ello entrañaba, más allá de las devastadoras consecuencias sociales.

sábado, 29 de marzo de 2025

«Diplomacia» europea


Nahia Sanzo, Slavyangrad

“Si la bomba nuclear más potente cayera sobre Madrid todo el interior de la M-30 se vería calcinado por una bola de fuego”, escribe esta semana Sergio Fanjul en El País en referencia a la bomba zar rusa, la madre de todas las bombas, que por si el alarmismo causado no era suficiente añade que “la onda de choque se extendería mucho más allá, de Rivas a El Pardo, de Coslada a Boadilla”. Rusia izó sobre el Kremlin su bandera tricolor, retirando por última vez el estandarte rojo con la hoz y el martillo el 25 de diciembre de 1991. Sin embargo, en la nostalgia de tiempos más simples, en los que el malo malísimo caricaturizado para causar el mayor miedo posible era suficiente para mantener elevados los presupuestos militares, esta semana se han publicado en España dos artículos bajo el título “¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS?”. La principal herencia soviética en Occidente que, al contrario que los derechos sociales o la visión de la industria como eje del crecimiento económico, sigue vigente es su uso como argumento a la hora de justificar un rearme para el que hay que otorgar a Rusia unas capacidades que no tiene y unas intenciones que nunca ha mostrado.

Apenas unas semanas después de que afirmara que la relación con Moscú se normalizará paulatinamente una vez terminada la guerra, Mark Rutte declaraba ayer todo lo contrario: no habrá vuelta al statu quo anterior a 2022 incluso una vez concluida la paz. Quienes llaman a su población a preparar kits de supervivencia para sobrevivir las primeras 72 horas a un ataque bélico, ciberataque o un desastre natural posaron ayer sonrientes en París proclamando que están “construyendo una paz robusta para Ucrania y Europa”. Los países europeos y la dirección de la OTAN han virado finalmente y a regañadientes -después de que lo hiciera Estados Unidos e incluso Ucrania- al discurso de paz, aunque en un pacifismo sobrevenido que contrasta con sus propuestas. De la guerra eterna hasta que Kiev lograra una posición de fuerza para dictar los términos a Moscú se ha pasado a la idea de la paz armada y la continuación de una especie de guerra fría que justifique el rearme y mantenga la retórica bélica y las sanciones contra Rusia.

viernes, 28 de marzo de 2025

De Europa al Medio Oriente, las ruinas de la democracia

Las cuestiones nucleares constituyen el epicentro de las preocupaciones en Europa y en el Medio Oriente, ya que tanto Zelensky como Netanyahu disponen de esas posibilidades

Manlio Dinucci, Global Research

Antes de la guerra, Westinghouse había firmado un contrato para la construcción de 13 centrales nucleares civiles en Ucrania. Nadie sabe dónde ni con qué dinero Kiev había comprado grandes cantidades de uranio enriquecido y de plutonio, que podían ser utilizados con fines militares. Todo ese material estaba almacenado en la gran central nuclear de Zaporiyia y fue por eso que las fuerzas armadas rusas tomaron esa instalación desde el inicio de su operación militar especial en Ucrania. En el Medio Oriente, Israel es la única potencia que dispone de bombas atómicas, mientras que Irán puso fin a su programa nuclear militar en 1988 –Rusia y China así lo comprobaron en el marco de las negociaciones de Lausana.

«El presidente Trump y el presidente Putin hablaron por teléfono de la necesidad de paz y de un alto al fuego en la guerra de Ucrania. Los dos líderes estuvieron de acuerdo en que ese conflicto debe terminar con una paz duradera», anunció la Casa Blanca. El Kremlin comunicó que «el dirigente ruso subrayó la necesidad absoluta de eliminar de raíz las causas de la crisis y de tener en cuenta los intereses de seguridad de Rusia».

Pero la guerra continúa. La región rusa de Saratov fue blanco de los drones ucranianos –o sea, de los drones que Ucrania recibe de las potencias occidentales o que puede fabricar y utilizar gracias a las tecnologías y los sistemas de direccionamiento que sus aliados occidentales le proporcionas.

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